Reina Margarita: Eterna Alegría

Princesa Margarita contestando el teléfono
Fuente: Netflix (2021)

Distinguidos Lords, estimados Caballeros, con ustedes su Alteza Real “La princesa …”. Shhh. Deténte.

Hola, mis estimados lectores. Siéntanse libre de ponerse cómodos desde donde me esten leyendo. Si me piden una recomendación antes de empezar a leerme, les puedo sugerir que enciendan un cigarro y pongan una agradable canción en su tocadiscos.

¿Listos? Bien, empecemos.

Princesa de la eterna alegría

Tal vez muchos moralistas del Gobierno y la Iglesia puedan juzgarme por tener un comportamiento atrevido e inmoral, pero si ya saben cómo soy, ¿por qué se quejan? En fin, yo sé que ustedes me quieren por que soy lo que no muchos en la Realeza se atreven: ser auténticos. 

Tengo que agradecerle a mis padres y a mi hermana, tal vez, por ser la segunda hija y por lo tanto, no ser la sucesora directa al trono de Inglaterra. Sé lo que están pensando, y sí, la Reina Isabel II es mi hermana. Pero, tranquilos, que este post no se trata de ella en absoluto.

Bien, ahora vamos conmigo, lo que realmente importa. Desde pequeña fui privilegiada al tener una educación de élite dentro de todo normal, aprendí todo lo necesario como para destacar. Rebelde y provocativa, a mi manera, fui forjando desde pequeña mi personalidad, aquella que hace que ustedes me quieran tanto. Pero, hasta un punto clave, pues con la abdicación de mi tío mi vida cambió, para bien o para mal.

Amor en tiempos de monarquía

Para mi familia, el año 1936, marcó un precedente sin iguales, mi tío Eduardo VIII abdicó por la posición a su casamiento con Wallis Simpson, una divorciada. Sí, lo sé. Para ustedes, no supone ello un escándalo, pero para la realeza y la Iglesia lo es.

No puedo negar que comparto con él su pesar pues yo también me enamoré de alguien a quién la Iglesia no veía con buenos ojos: el coronel Townsend. Recuerdo la primera vez que lo ví, con un porte viril y maduro, a diferencia de los jóvenes de mi edad, inexpertos y sin capacidad de criterio, me atrajo su físico pero a la vez su forma de congeniar conmigo. Ambos estábamos solos, él lejos de su esposa e hijos y yo, abandonada entre tantas cosas de mi familia. 

Eterna Alegría

Y así como el amor de mi tío fue prohibido, el mío siguió el mismo destino. Primero, nos separaron dos años, luego, teníamos que esperar 12 meses más. Todo para que la Iglesia y el Gobierno se oponga. Dolió, pero lo superé. Me alegra decir que mi personalidad no la cambió ni el coronel Towsend cuándo la ilusión de nuestro amor acabó con el lejos de Inglaterra.

Ahora ya saben cómo soy, más allá del título de Princesa y de mi personalidad, soy alguien que aprendió a amar sin distinciones

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